A mi alrededor crecían potentes muchos brotes, tanto en los fértiles suelos como en las paredes. También desde mis armarios busqué verdes para otros tantos proyectos.
Verdes tenía varios pero cuando ví este chal no me pude resistir a hacerlo pero en mis hilos faltaba el nuevo verde que yo buscaba. Le pedí a Marga que hiciera magia y la hizo. De sus colores surgieros unos ovillos que recordaban al verde del trigo mecido en las suaves laderas de los campos. Dos madejas usé.
Y surgió de entre las agujas y me lo puse en los hombros y un domingo de mayo lo llevé con sus hermanos para ser mecido por el viento.
Y con ello me contagió la fuerza de lo nuevo, de la vida empujada desde la tierra, como un bálsamo para mis hombros ante el viento fresco.
Trigo verde
que emerges danzando
día y noche,
que surges austero de líneas,
en tus inicios.
Trigo verde,
posas tu manto cálido sobre la tierra
en agradecimiento
del alimento y del lecho
hallado entre los campos.
Trigo verde,
otro trigo,
insinúando espigas trasparentes.
Trigo verde,
crecido entre mis manos
llevado por mis hombros
querido para siempre.
